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Entrevistamos a Alex Txikon

Vamos a comenzar conociendo un poco más acerca de tu infancia y tus comienzos en esta disciplina.

Sabemos que naciste en la localidad vasca de Lemona, ¿Cómo recuerdas tu infancia y cuáles fueron tus primeros contactos con la escalada?

Recuerdo mi infancia dentro de una familia humilde con 13 hermanos, en la cual yo soy el menor. Somos 7 chicas y 6 chicos. Tuve una infancia muy positiva gracias a mi familia, que es una de las cosas más importantes para mí en la vida, y sobre todo si vives en un pueblo tan pequeño como Lemona.

¿Cuál fue la primera cumbre por la que realizaste tu primera expedición?

La primera expedición que llevamos a cabo fue en el Pamir, en el año 2002 junto a tres compañeros más, Armazabal, Maroto e  Iñaki Álvarez, y tengo un recuerdo realmente excepcional. Pasamos los  veranos anteriores en los Alpes, habíamos ido a Marruecos también. Empezamos a viajar porque queríamos tomar contacto con la cultura.

¿Cómo es tu preparación diaria y cuánto tiempo le dedicas?

La preparación diaria es muy sencilla. En la época en la que estamos aquí hay tres fases. Una en la que estamos buscando financiación para los nuevos retos. Otra en la que estamos impartiendo conferencias y tratamos de seguir buscando la financiación. Y en la última fase que estamos más tranquilos empezamos a trabajar en la montaña con mucho más afán. Trato de pasarme allí aproximadamente unos cuatro días, aunque lo óptimo sería escalar cinco días, más ir al monte, evidentemente.

Hace escasos meses estuviste inmerso en uno de los retos más adversos y dificultosos de toda tu trayectoria como es la subida al Everest. ¿Cómo fue la preparación para enfrentarse a esta cumbre, considerada como una de las más arriesgadas del planeta?

Embarcarse en una doble expedición al Everest es un proyecto muy ambicioso, sobre todo en invierno, muy exigente tanto física como psicológicamente y,  desde luego,  el mero hecho de intentarlo ya es un éxito.

Por otro lado, creo que es un reto en el cual se ha visto del primer al segundo año que hemos mejorado muchísimo y que hemos estructurado mucho mejor el trabajo.

Ahora estamos a las puertas de un siguiente reto,  que a veces me da pensar  en no volver a intentarlo una vez más porque tengo la sensación de que no nos hemos enfrentado realmente al Everest, ya que no hemos salido del Campo 4 para arriba.

Lamentablemente, tenemos entendido que no pudiste seguir con tu ascenso hacia la cumbre del Everest en el 2018. ¿Cómo fue tomar esta decisión? ¿Lo volverás a intentar?

Tomar la decisión de dar la vuelta es lo más sencillo que hay. Muchas veces, la gente tiende a pensar que cuando estás en la cumbre de la montaña es cuando de verdad la has subido, pero no es así.

En las montañas se sube también abajo, cuando vuelves a casa con el resto de compañeros. Al fin y al cabo la vida es lo más importante que tenemos, y como siempre  he tenido eso claro, me resulta muy sencillo tomar ese tipo de decisiones.

Actualmente, ¿Cuáles son tus metas profesionales o en qué estas inmerso?

Actualmente estoy inmerso en un proyecto WinterS.  Lo que significa que tengo tres expediciones invernales previstas  para los próximos tres años.

En cuanto a lo que haré después de todo esto, aún está por planear.

¿Qué virtudes destacarías que debe tener un buen escalador? ¿Y un montañista?

Lo primero con lo que debe contar un buen montañero es siempre ‘tener los pies en la tierra’.

Para ser un buen escalador se debería sentir pasión por las montañas, pasión por conocerlas, recorrerlas, escalarlas…

Para finalizar, ¿Qué consejos darías para nuestros atletas más jóvenes que quieran labrarse un futuro profesional en el mundo de la escalada o el montañismo?

A todos aquellos que se plantean un futuro en las montañas les diría que sientan, que vean, que se descubran a sí mismos y que se realicen en el sitio que se encuentren con mucha mayor comodidad. Tan solo eso.

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