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Entrevistamos a Silvia Vidal

Buenas Silvia, primero de todo, agradecerte que nos dediques parte de tu tiempo para realizarte esta entrevista que tanta ilusión nos hace.

Hace unos meses,  emprendiste una ruta en solitario en la cara oeste de Xanadu (Arrigetch Peaks, Alaska) y nos gustaría conocer detalles de  primera mano sobre tu experiencia.

Con este encuentro, pretendemos conocer más de cerca de tu experiencia y sensaciones al realizar esta gran aventura durante 53 días aislada en este valle remoto.

Vamos a comenzar desde el principio. ¿Qué te llevó a emprender este reto y cómo fue el inicio de esta aventura?

Tenía la pared mirada desde hacía unos años; la pared me parecía muy bonita y el lugar más. Este año se dieron las circunstancias para poder ir y empecé con los preparativos, que son muchos; buscar información de la zona, fotos de la pared, contactar con las avionetas e hidroaviones individuales, con los ràngers para saber de las normativas del parque, organizar el tema comida, hacer compras previas, el material, informarme sobre el clima, posibilidades de acceso a la pared, los osos... Los osos requieren de toda una logística que condicionó la expedición: cajas de hierro para poner la comida anti-osos (que vacías pesan siete kilos y medio), sprays anti-osos (pimienta), como montar un campamento en territorio de osos...

Tenía muchas ganas de vivir una aventura, en solitario, en un lugar remoto y salvaje.


En cuanto la vía “Un pas més” A4/A4+ y 6ª, a la hora de realizarla, ¿te ha parecido problemática?

La vía la he disfrutado mucho. Ha sido compleja en cuanto a maniobras; techos, travesías, lajas invertidas donde se enganchaban constantemente las cuerdas mientras escalaba, rápeles muy técnicos...

 El hecho de emprender una ruta en solitario y sin ayuda externa dificulta bastante en completarla, ¿qué te ayudaba a seguir hacia delante?

Las ganas, la fe, la confianza, el disfrute de lo que estaba haciendo y de cómo lo estaba haciendo, el lugar... La gente que estaba en casa enviándome ánimos.

 La vía “Un pas més” la llevaste a cabo sin GPS, ni mapa entero. ¿Cómo te guiaste para realizar el camino de aproximación?

Por intuición. Algunas veces se daban circunstancias que me hacían pensar que el camino era por allí y no por otro lado.


Para entablar este trayecto, ¿qué material llevaste contigo?

Llevaba 6 bultos de 25 kilos; dos mochilas, dos petates (para el material de escalada y acampada) y dos bidones (para la comida).

Un total de 150 kilos a portear en seis ocasiones (durante la aproximación), lo que implicaba que cada trayecto lo realizaba 11 veces (ida con peso y vuelta sin peso. Y repetimos...).

Después de la vía, durante el descenso llevaba 5 bultos (la mochila sobrante dentro de uno de los petates), con lo que fueron 9 viajes repitiendo el trayecto.

20 viajes, cargando 150 kilos, que fueron un total de 540 Km andados, durante 36 días de marcha. En la pared fueron 17 días colgada.

El material que llevaba era el mínimo para un bigwall en solitario, en estilo cápsula; material personal (arnés, pies de gato, casco...), hamaca simple, toldo, 1 sola cuerda dinámica de 60 metros, una estática de la misma longitud para subir petates y una de 130 metros estática para fijar entre campo de pared.

Sólo un par de juegos de friends, otro de microfriends y fisureros. Unos 35 clavos, 8 ganchos y unos pocos espits (la vía entre reuniones y largos tiene 15 espits; 12 en reuniones y 3 en largos).

Ropa la mínima, un saco de dormir, una tienda ultraligera, hornillo y poco más.

Casi toda la comida era liofilizada, porque pesa menos, y en esta ocasión ningún libro. Miré el milígramo.

 
¿Tuviste algún tipo de preparación previa para emprender este reto? Si es así, ¿cuál y durante cuánto tiempo?

Básicamente la preparación fue mental. No sólo antes de ir sino durante toda la expedición.

Me mentalicé de que iba a un territorio de osos. Fue lo más duro de llevar, pues son el mayor riesgo que tiene la zona. La única salida que le veía al terror que tenía; era llegar a sentirme parte del territorio, como una más. Para que los osos no me vieran ni como una menaza ni como una curiosidad (la curiosidad de los osos, a veces  termina mal).

Estuve repitiéndomelo constantemente, hasta que me lo creí  y luego sentí. Pude atenuar el terror, aunque el miedo siempre estuvo allí para recordar que hay que estar atento.

De esta experiencia, ¿qué es lo que más te ha gustado? ¿y lo que más has aprendido?

El lugar y la gente con la que he coincidido durante el viaje.

Tenemos la capacidad de cambiar muchas situaciones por difíciles que sean.

 Para finalizar, ¿cuál es tu próximo objetivo o meta profesional?

Descansar, asimilar, disfrutar del estar aquí, de mi entorno social y familiar, y compartir parte de lo que he vivido allí.

No tengo un objetivo de escalada en mente todavía. Este tipo de actividades no son algo que pueda ir haciendo de forma regular, pues requieren de un momento concreto en el que uno se siente en condiciones físicas pero sobre todo mentales de ir. Las actividades solitarias necesitan más de estas condiciones que las actividades en grupo.

Igualmente si ya tuviera un objetivo en mente, que no es el caso, no lo contaría pues son experiencias muy personales que desde mi punto de vista no son para compartir hasta que no las has realizado; sea con éxito o sin. Porque son actividades que conllevan cierto riesgo y compromiso, con lo que me parece imprescindible tener la total libertad de hacer o no hacer en función de lo que uno siente en cada momento. Cuando lo cuentas tienes un mayor peso que cargar, y los petates ya pesan suficiente...

Os agradezco que siempre lo habéis respetado.

Finalmente,  agradecerte tu amabilidad por aceptar esta entrevista y por el tiempo que nos has dedicado para responder a estas preguntas.

!A vosotros!

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